martes, 8 de febrero de 2011

MANHATTAN TRANSFER - DE JOHN DOS PASSOS




Manhattan Transfer es una novela donde John Dos Passos aborda el problema técnico de pintar una ciudad enorme y lo resuelve por un procedimiento dramático. Su novela es una sucesión de escenas.

De la mano con el autor, aparece un gran amigo de este y un estudioso de su obra, el erudito castellano José Robles Pazos, quien prologa la segunda edición de su novela, que ahora comparto con ustedes;

José Robles escribió lo siguiente:
La masa en bloque no aparece nunca, pero los personajes se suman, se multiplican, hasta formar una multitud abigarrada de rentistas, negociantes, cómicos, obreros, millonarios, prostitutas, militares. Unos nacen, otros mueren, otros se casan, otros terminan en la cárcel, otros se eclipsan durante años para reaparecer con el cabello gris enriquecidos o arruinados.

La habilidad con que el autor pone en contacto a todos estos personajes tan heterogéneos es asombrosa

John Dos Passos

Sería necesario cruzar cien veces la ciudad de punta a punta, meterse en todos sus rincones, viajar en todos sus trenes, para sacar la misma impresión de vértigo que causa la lectura de esta serie de cuadros impresionistas, hilvanados con un hilo apenas perceptible que el autor rompe cuando lo tiene por conveniente.  

Como en la pantalla del cine, la acción, que abarca veintitantos años, cambia bruscamente de lugar. Los personajes, más de cien, andan de aquí para allá, subiendo y bajando en los ascensores, yendo y viniendo en el Metro, saliendo y entrando en los hoteles, en los vapores, en las tiendas, en los music-hall, en las peluquerías, en los teatros, en los rascacielos, en los teléfonos, en los Bancos.
 
Y todas estas personas y personillas que bullen por las páginas de la novela como por las aceras de la gran metrópoli, aparecen sin la convencional presentación y se despiden del lector “a la francesa”. Cada uno tiene su personalidad bien marcada, pero todos se asemejan en la falta de escrúpulos.
 
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New York a principios del siglo XX

Son gentes materialistas dominadas por el sexo y por el estómago, cuyo fin único parece ser la prosperidad económica. A unos los sorprendemos emborrachándose discretamente, a otros, cohabitando detrás de las cortinas; a otros estafando al prójimo sin salirse de la ley.
 
Los abogados viven de chanchullos, los banqueros seducen a sus secretarias, los policías se dejan sobornar y los médicos hacen abortar a las actrices. Los más decentes son los que atracan las tiendas con pistolas de pega. Entre toda esta gentuza destaca Jimmy Herí, tipo de burgués idealista repetido en otras obras de Dos Passos. 

Pero el verdadero protagonista no es Jimmy, sino Manhattan mismo, con sus viejas iglesias empotradas entre geométricos rascacielos, con sus cabarets resplandecientes, con su puerto brumoso y humeante, y con sus carteles luminosos, que parpadean de noche en las avenidas donde la gente se atropella ensordecida por el trepidar de los trenes elevados. Dos Passos no ha tenido miedo de pintarlo tal como es, cruel, obsceno, ruidoso y magnífico, en una de las mejores novelas que ha producido la nueva literatura norteamericana.

El título de la novela se refiere a una estación, la de transferencia a Manhattan, y es la metáfora que impregna el libro.
 

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